· habitantes ·

Cada espacio habitado deja una huella.

En esta sección comparto algunos procesos reales de acompañamiento, donde la organización, la energía y la emoción se entrelazan para volver a sentirnos en casa.

🪶 Todo es energía

Este proceso fue breve, aunque desde el primer encuentro hubo resonancia. Supe que la ayuda era necesaria. Nos divertimos bastante: justo coincidimos el 24 de diciembre de 2023, Nochebuena, así que fue también una especie de celebración, un día particular para recibir este gran cambio en el hogar.

En ese momento lo disfrutamos muchísimo, porque involucró una gran dosis de creatividad a la hora de rediseñar el espacio desde cero y pensar nuevas funcionalidades para aprovechar mejor los recursos disponibles.


Ahora, al recordarlo, siento que estoy aprendiendo mucho más. Observar entre líneas lo que este proceso me refleja en el presente, más que lo que me dijo en ese entonces.

De hecho, este proceso no estaba destinado a ser compartido. Había elegido otro, de dos encuentros, pero al no tener demasiados registros gráficos, me encontré con estos… y recordé el gran movimiento que generamos.

Estoy en un momento de mucha transformación personal —y también del servicio que ofrezco—, y este mensaje llega como recordatorio de que menos es más.


Así que hoy quiero transmitir de manera muy simple el registro de esta intervención, porque lo que me trae, ahora que puedo observarlo con mayor claridad, a casi dos años de haber realizado esta transformación tan radical en un espacio totalmente caótico, es lo esencial que es la organización.

Cómo un espacio puede ser drásticamente otro.
Cómo una vida puede ser totalmente otra.
Cómo un día puede sentirse otro.

Cuando dedicamos energía a ordenar la energía
—por más irónico que parezca— todo cambia.

Porque todo es energía.
Las cosas, el tiempo, el dinero, el cuerpo, los alimentos, las personas.
Cuando dedicamos energía a la casa, cambia cómo se siente.
Cuando sentimos que nos falta tiempo, también nos sentimos sin energía.

Este proceso me recuerda lo fundamental de la transformación que ofrezco (porque la viví en carne propia): la organización energética.
Los recursos están; solo hace falta darles forma para que respondan a nuestras verdaderas necesidades: las biológicas —respirar, estar en la naturaleza, recibir los rayos del sol en la piel, nutrirse de alimentos vivos, estar en calma, tener un propósito— y no las consumistas, que buscan más cosas, más eventos, más estímulos, para intentar llenar ese vacío que la sociedad creó en nosotros.

Todo es recurso.
Toda energía tiene el potencial de ser transformada.

💫 El espacio como obra viva

Nuestro inicio fue una amistad.
En ese intercambio, yo —obviamente— le compartí sobre este proyecto, porque es una parte enorme de mi vida.
Desde que lo supo, se convirtió en uno de los mayores sostenes e impulsos de terapia habitar: siempre con curiosidad por saber en qué andaba, motivándome a sacar el libro o a seguir creando contenido.
Decía que le inspiraba verme en mi camino, y que le servía para aplicarlo en su cotidiano.

Hasta que me animé a lanzar mi primer programa online, unos nueve meses después de aquel encuentro incial. Y, como era de esperar, se sumó al proceso.
Desde que hicimos contacto, su casa representaba un problema: era un lugar que no le gustaba, le resultaba incómodo, y no encontraba motivación para gestionarlo.

En ese momento seguía trabajando en ventas y marketing, en una agencia junto a unas personas socias y amigas con las que ya no compartía los mismos valores. En cada uno de nuestros encuentros me contaba algo nuevo que confirmaba que esa etapa había caducado. Llevaba dos años sintiéndolo así.

Al adentrarse en el proceso de purga material, con el programa acelerado de solo 15 días llamado Mucho Menos —que ofrecí en julio de 2024—, todo empezó a sentirse más liviano y en movimiento.
El piso, de un solo ambiente, acumulaba muchísimas cosas estancadas que ya no se usaban y ocupaban un espacio vital. Soltarlas costaba muchísimo, y fue posible reconocer eso mismo a lo largo de los encuentros.

Conversamos mucho sobre los hábitos que tenemos como sociedad de acumular “por si acaso”, y las miles de excusas que inventamos para retener. Fue un proceso sumamente expansivo, para todas las personas que lo transitamos.

Al finalizar, el programa incluía una sesión individual para un asesoramiento personalizado del espacio. Como en ese momento estábamos en la misma ciudad, propuse hacerla de manera presencial. En este caso, lo que aún no habíamos logrado era darle movimiento a la distribución de los objetos en casa.

Así que allí nos encontramos.
Y en tan solo una hora, dimos vuelta todo: reubicamos la cama, que al estar en un solo ambiente quedaba justo en el medio; abrimos el centro del espacio para que la luz natural pudiera entrar e inundarlo todo; movimos el escritorio al lado de la ventana, porque antes estaba en un rincón oscuro, y costaba concentrarse allí.
Y, por último, le dimos protagonismo a lo verdaderamente importante, lo que estaba quedando en segundo plano: su Arte, su Pintura, su Obra.

Persona apasionada por las acuarelas si las hay.
Me inspira profundamente su disciplina: todos los días, una nueva obra. Y eso que ni siquiera contaba con un espacio cómodo para acceder a sus herramientas.

La cuestión es que hicimos una transformación tan radical que su vida cambió por completo.
Dos meses después, cuando yo ya no estaba en esa ciudad, el día antes de ingresar a un retiro de silencio, recibí uno de los mayores regalos que pude llevarme a ese viaje interior: el testimonio del efecto que había tenido terapia habitar en su vida.
Finalmente había reunido el coraje para soltar lo que más le costaba: a sus socios y la seguridad que eso representaba.

Así comenzó a liderar su vida, destinando tiempo y energía a lo esencial: su pasión, el Arte, lo que mantiene su corazón en movimiento.¿Lo mejor de todo?
Que ese fue solo el inicio.
Un año después de aquel proceso, se involucró también en la fotografía —una rama que jamás había explorado—, porque ahora sus horizontes están expandidos, y lo único que guía su acción es su Ser Creador.

🔥 Donde la materia se vuelve espejo: el arte de volver a encender la pasión

Siempre que comienzo un nuevo proceso de habitar, surgen muchísimos miedos: si realmente estoy a la altura, si puedo hacerlo, si de verdad soy capaz de acompañar a otro ser a “ordenar su casa” —y todo lo que eso implica—.
Cada encuentro me enfrenta a ese vértigo.

Este fue un caso estrella de esos que me desafían profundamente: donde mi gen libriano, dudoso y compulsivo, estalla, y mi mente empieza a decirme: “no vas a poder con tanto”, “¿cómo vas a hacer para que esto quede ordenado?”, “es imposible que este lugar tan cargado se convierta en un espacio de paz mental”.
Y ahí va la rosca mental.

Cuando llegué a este nuevo espacio, no fue distinto. Más bien, todo lo contrario: los miedos se acentuaron por la cantidad de cosas que había.
Pensemos que este proceso ya lo viví, primero conmigo y después con muchas otras personas. Y ya es una realidad —mi realidad— que las cosas me abruman cuando son muchas, cuando están desordenadas. Tal como les sucede a quienes buscan mi ayuda, porque obviamente les cuesta gestionarlas solas.

Este fue un caso estrella de esos que me desafían profundamente: donde mi gen libriano, dudoso y compulsivo, estalla, y mi mente empieza a decirme: “no vas a poder con tanto”, “¿cómo vas a hacer para que esto quede ordenado?”, “es imposible que este lugar tan cargado se convierta en un espacio de paz mental”.
Y ahí va la rosca mental.

Lo bueno es que ya la conozco. Y no la dejo actuar mucho.
La clave está en empezar: porque después del primer paso, entre la tormenta, todo empieza a tomar forma.

Conversamos. Pude empaparme de la situación que estaba viviendo: le costaba salir de ese agujero negro en el que se había convertido su casa, que más allá de contener sus pertenencias físicas —acumuladas tras varios cambios y experiencias—, también guardaba memorias de dolor.
Por eso surgía esa dificultad para salir de las sombras y del hueco en el que se sentía.

Pocas veces me vi tan desafiada por ese “monstruo” en que puede convertirse la materia cuando se acumulan tantas cosas juntas. Aun así, entre la marea visual, fuimos vislumbrando lo que el habitar pedía.

La persona que acompañé había dejado recientemente un piso para ir a vivir al centro de yoga donde enseña. Allí hay un espacio grande para su parte íntima, aunque con algunas limitaciones: falta de ventanas, ventilación y cocina.
Sabiendo todo esto, fuimos generando una visión y un plan de acción: reubicar el lugar de dormir, crear un ambiente que invite a cocinar, y generar más espacio vacío para que las cosas no agobien.

Mientras revisábamos las pertenencias, hicimos un recorrido por su vida: sus tres hijos —una parte esencial de su historia—, su arte (que estaba estancado y escondido), y su parte espiritual, materializada en libros dentro de una biblioteca.

Lo que me encanta de estos procesos es que, aunque al principio trazamos una dirección, siempre aparece un factor sorpresa, algo que se esconde entre tanta cosa y viene a deslumbrarme con lo inesperado.
En este caso, aunque era evidente su vínculo con la pintura, no esperaba que termináramos convirtiendo una habitación reducida a trastero —donde se acumulaban miles de objetos de tiempos pasados— en su taller de arte, con sus obras, sus pinturas y su mesa lista para recibir la creatividad en movimiento.

Eso es lo bello de cada proceso: cada uno me muestra una arista distinta de lo que hago.
Este, en particular, me confirmó una hipótesis que venía sintiendo y muchas veces dudaba porque me parecía demasiado grande para ser cierta: la pasión.

Durante muchos años no supe cuál era la mía. Busqué, me perdí, me entregué por completo a encontrarla.
Por eso agradezco profundamente a este Ser que me abrió su espacio y su vida, porque al acompañarle en su camino y en su forma de volver a habitar el mundo, también pude verme reflejada.
Me recordó que la pasión es lo que verdaderamente nos mueve.
Y que este sistema —lleno de cosas— tiende a apagarla.

💫 Estoy acá para eso: para volver a encenderla.

✴️ El movimiento sutil de la incomodidad invisible

Cuando llegué a su casa, lo primero que pensé fue:
“Esta persona no necesita Terapia Habitar.”

Si bien me había advertido sobre su “caos”,
solo había un par de cosas fuera de lugar.
Al entrar, se sentía una armonía muy linda.

Gracias a este proceso descubrí lo importante que es
hacer una terapia del espacio. Porque es ahí,
en las cosas que vemos —las que sobran o están fuera de lugar—,
donde podemos descubrir también aquello que escondemos dentro nuestro.

Este proceso de habitar, aunque también incluyó
mover muebles, limpiar y liberar objetos que ya no pertenecían allí,
fue casi puramente emocional.
Aprendí muchísimo, porque a veces el movimiento
que realmente transforma es ese gesto sutil
que nos permite destrabar algo atascado hace tiempo.
Solo por removerlo, por ser escuchado, por recibir las preguntas correctas,
puede salir a la superficie una gran angustia que nos impedía sentirnos en casa, tanto en el espacio físico como en el propio interno.

La casa es el vehículo que nos habilita a observar el vínculo que tenemos con nosotros mismos: ese poder de habitarme, de sentirme cómodamente en soledad con mi alma. Esa plenitud de escucha que revela información valiosa sobre emociones estancadas.

El entendimiento de este proceso fue, en gran medida, gracias a una herramienta que no solía utilizar en mis acompañamientos (hasta ahora): la astrología.
Si bien sí la utilizo mucho para mi autoconocimiento, nunca la había aplicado directamente aquí, porque tampoco “soy astróloga”.
Aunque fue tan literal la lectura de su sol, luna y ascendente reflejados en la casa, que me permitió comprender el proceso con mayor profundidad y ofrecer un acompañamiento más acorde a las necesidades del habitante.

Esa primera sensación mía de que “no lo necesitaba” tenía todo que ver con su ascendente en Virgo, muy activo, sumado al tinte de una madre virginiana que marcaba el ideal de lo que es “ser ordenado”.
Su sol y su luna se reflejaban en una casa con una particularidad radical: estaba dividida en dos: el lado izquierdo, de sol; el derecho, de sombra.

Al iniciar el proceso, habitaba completamente el lado de la sombra: la habitación de huéspedes —de la cual expresó “me ahogo”— y el living.
Su sol en Escorpio explicaba esa inclinación hacia la profundidad y la oscuridad, y su apertura a transformarse.

El lado del sol, con la habitación principal y la cocina, no estaba siendo habitado. Se había autoexpulsado de dormir allí por ruidos molestos, y la mesada colapsada de la cocina le quitaba las ganas de conectar con ese espacio.
Allí se revelaba su luna en Leo, y esa dificultad para habitar su propio brillo: la falta de seguridad se manifestaba en esa incapacidad de estar en los espacios con luz.

Esto es solo un pantallazo de todo lo que se desplegó. Entre nuestra primera conversación y el inicio del proceso, coincide con la aparición de una oportunidad para volver a enseñar yoga —una actividad que había dejado durante años—, y tuvo la valentía de aceptar ese llamado. Nada es casual ni ocurre por azar.

Su compromiso con su propio proceso y hacerse responsable de la incomodidad que estaba sintiendo fue lo que abrió la puerta para volver a habitar su brillo y su capacidad de transformación.